El juramento

¿En qué consiste este juramento?

La última plática introductoria es sobre el juramento que hacemos los que queremos pertenecer a Águilas Guadalupanas.

Como bien lo dijo nuestro Señor Jesucristo en el huerto de Getsemaní:

“El espíritu está dispuesto pero la carne es débil”.[1]

Nuestras intenciones son buenas, queremos hacer lo mejor para ser santos y llegar con Dios (nuestra meta última), sin embargo, nuestra naturaleza humana ha sido herida por el pecado original, haciendo que no siempre le hagamos caso a nuestras facultades espirituales.[2]

Lo peor del pecado es que no sólo resultan una ofensa a Dios[3], sino que, además, degrada a la persona humana, creada a “Imagen y semejanza con Dios”[4]. Y aunque queremos tener dominio sobre él, volvemos a caer una y otra vez:

“Pues no hago el bien que deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico”.[5]

Y esto da como resultado en la misma repetición de un acto, el cual, se vuelve hábito. Al buen hábito se le llama virtud[6] y al mal hábito vicio (el cual podríamos también nombrarlo como adicción.

Además, es notorio que el pecado: vicios y adicciones, no sólo afectan a la persona que los realiza, sino que el pecado destruye todo lo que toca, haciendo que todos los que estén cercanos a ese pecado se vean afectados.

Estas adicciones, pueden llegar a enfermar, a la familia, a los amigos, a las personas con las que nos relacionamos. Llevándonos, siempre, a excesos, todo lo contrario a la virtud que radica en la moderación de nuestros actos.[7]

Para lograr evitar caer una y otra vez en el pecado, existe una gran virtud que debemos conquistar y es la que en el juramento se trabaja bajo un aspecto y, a base de su repetición convertirla en hábito, es decir, en virtud: se llama, la virtud de la templanza[8].

Para lograr alcanzar lo que sea en nuestras vidas, es necesario el sacrificio, y no es un sacrificio sólo de decir que no al pecado, sino también se vuelve un sacrificio a la hora de realizar el bien, ya que nos puede resultar fácil no hacer algo, pero cuando sabemos que tenemos que hacer bien y en ese momento no queremos: se necesita el sacrificio[9]:

Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame.[10]

Además, ya en nuestras celebraciones del año, siempre hay buenos momentos para tener ánimos para hacer este juramento y realizarlo por un tiempo determinado para cumplirlo, por ejemplo: la cuaresma; el mes de mayo, dedicado a las mamás, pero también a nuestra Madre Santísima; el verano; octubre, el mes del rosario; o diciembre como preparación para la celebración del Nacimiento del Niño Dios.

1.   ¿Por qué hacer un juramento?

El juramento se hace porque nuestra vivencia del cristianismo no es a escondidas, tiene que ser a la luz de todos. Somos católicos y fieles hijos de María y estamos orgullosos de ello. Es así que el juramento se realiza de forma pública, en la Iglesia, delante del sacerdote, quien representa a Jesucristo. Al ser público, se vuelve un acontecimiento de la comunidad de creyentes y se da testimonio de que hoy en día, se busca y se quiere ser santos.

2.   ¿Qué se promete en el juramento?

En el juramento prometemos una vivencia plena de nuestra vida católica y de nuestra vida como ciudadanos, por lo mismo, se buscan tres ideales: la fe, la familia y la patria. Pero al ser temas tan grandes y al ser muchos los obstáculos que nos evitan mantenerlos, se hace el juramento en la virtud de la templanza para poder vencer aquel vicio que nos esté alejando de lo que Dios nos pide como Águilas Guadalupanas, como puede ser: No fumar, no tomar bebidas alcohólicas, no ver pornografía, no robar, etc. para vencer o prevenir malos hábitos, vicios o adicciones fruto de los pecados capitales de soberbia, avaricia, envidia, ira, lujuria, gula y pereza.

3.  Tiempo de juramento.

Al ser un compromiso personal, cada quien es quien decide el tiempo que quiere ofrecerle a María para vencer ese vicio que nos aleja de lo que Dios pide de nosotros. Por lo mismo, una vez terminado el tiempo que el Águila Guadalupana se haya puesto, puede renovar su juramento ya sea prometiendo vencer el mismo vicio u otro vicio. Lo importante es estar siempre en pie de lucha por lograr la santidad. En caso de que por alguna situación personal se quiera dispensar de dicho juramento, se puede hacer con el permiso del sacerdote.

 


[1] Mt. 26:41.

[2] “La armonía en la que se encontraban, establecida gracias a la justicia original, queda destruida; el dominio de las facultades espirituales del alma sobre el cuerpo se quiebra (cf. Gn 3,7)”. CIC: 400

[3] “El hombre, tentado por el diablo, dejó morir en su corazón la confianza hacia su creador (cf. Gn 3,1-11) y, abusando de su libertad, desobedeció al mandamiento de Dios. En esto consistió el primer pecado del hombre (cf. Rm 5,19). En adelante, todo pecado será una desobediencia a Dios y una falta de confianza en su bondad”. CIC: 397.

[4] Génesis. 1:27.

[5] Romanos. 7:19.

[6] “Contra esto: Aristóteles afirma, en el libro Praedicamentorum, que la ciencia y la virtud son hábitos.

Respondo: La virtud designa una perfección de la potencia. Ahora bien, la perfección de cada cosa se entiende principalmente en orden a su propio fin. Siendo, pues, el fin de la potencia su propio acto, la potencia será perfecta en cuanto que se determine a su propio acto.

Ahora bien, hay potencias que están determinadas por sí mismas a sus propios actos, como son las potencias naturales activas. De ahí que estas potencias naturales se llamen, ellas mismas, virtudes. Mas las potencias racionales, que son propias del hombre, no están determinadas a un solo acto, sino más bien indeterminadas respecto de muchos; pues se determinan a los actos por los hábitos, según consta por lo dicho anteriormente (q.49 a.4). Por tanto, las virtudes humanas son hábitos.” Santo Tomás de Aquino, Suma teológica - Parte I-IIae - Cuestión 55

[7] Cfr. Aurea mediocritas: Horacio, CarminumII, 10 -"A Licinio"

[8] La templanza es la virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar “para seguir la pasión de su corazón” (cf Si 5,2; 37, 27-31). La templanza es a menudo alabada en el Antiguo Testamento: “No vayas detrás de tus pasiones, tus deseos refrena” (Si 18, 30). “En el Nuevo Testamento es llamada “moderación” o “sobriedad”. Debemos “vivir con moderación, justicia y piedad en el siglo presente” (Tt 2, 12).

«Nada hay para el sumo bien como amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente. [...] lo cual preserva de la corrupción y de la impureza del amor, que es los propio de la templanza; lo que le hace invencible a todas las incomodidades, que es lo propio de la fortaleza; lo que le hace renunciar a todo otro vasallaje, que es lo propio de la justicia, y, finalmente, lo que le hace estar siempre en guardia para discernir las cosas y no dejarse engañar subrepticiamente por la mentira y la falacia, lo que es propio de la prudencia» (San Agustín, De moribus Ecclesiae Catholicae, 1, 25, 46).” CIC: 1809.

[9] Podría ponerse como ejemplo el cuento de la renovación del águila: El águila, es el ave que posee la mayor longevidad de su especie. Llega a vivir 70 años. Pero para llegar a esa edad, a los 40 años de vida tiene que tomar una seria decisión. A los 40 años: Sus uñas curvas y flexibles, no consiguen agarrar a las presas de las que se alimenta. Su pico alargado y puntiagudo, también se curva. Apuntando contra el pecho están las alas, envejecidas y pesadas por las gruesas plumas. ¡Volar es ahora muy difícil! Entonces el águila, tiene sólo dos alternativas: Morir o enfrentar un doloroso proceso de renovación que durará 150 días. Ese proceso consiste en volar hacia lo alto de una montaña y refugiarse en un nido, próximo a una pared, donde no necesite volar. Entonces, apenas encuentra ese lugar, el águila comienza a golpear con su pico la pared, hasta conseguir arrancárselo. Apenas lo arranca, debe esperar a que nazca un nuevo pico con el cual después, va a arrancar sus viejas uñas. Cuando las nuevas uñas comienzan a nacer, prosigue arrancando sus viejas plumas.

Y después de cinco meses, sale victorioso para su famoso vuelo de renovación y de revivir, y entonces dispone de 30 años más.

A veces nos preguntamos: ¿Por qué renovarnos? En nuestra vida, muchas veces, tenemos que resguardarnos por algún tiempo y comenzar un proceso de renovación. Para que reanudemos un vuelo victorioso, nos debemos desprender de ataduras, costumbres y otras tradiciones del pasado. Solamente libres del peso del pasado

[10] Lucas. 9:23.