Los jóvenes necesitamos de otros jóvenes que no teman ser herederos del reino de los cielos.
Por Alejandro Pineda.

Soy Alejandro, tengo 2 años como miembro de Águilas Guadalupanas. Para mi los apostolados son una práctica importante para el alma, afortunadamente he tenido la dicha de poder practicar dos de los cuales estoy orgulloso de formar parte.

Por un lado he sido misionero del Señor. He llevado la palabra a casas donde antes no solía llegar, donde ni si quiera Dios era conocido ¿Y qué mejor regalo que recibir un corazón abierto en forma de agradecimiento? La palabra de nuestro Señor llena ese vacío que muchos hemos llegado a sentir, pero la compañía de los amigos misioneros junto con las sonrisas de todas esas personas son una muestra perfecta de la existencia de Dios en nuestro prójimo.


Del otro lado tengo la fortuna de formar parte de un grupo organizador de encuentros juveniles y adolescentes donde con toda confianza puedo compartir mi testimonio de vida, buscando que no se sientan solos, tratando de demostrar que todos tenemos problemas y que la única manera de enfrentarlos es de la mano de Jesús y nuestra madre la Virgen de Guadalupe.


Los jóvenes necesitamos de otros jóvenes que lleven con ellos a Dios, que no teman ser herederos del reino de los cielos.