PATRIA

En relación con la Patria:

-       Vean a su patria con espíritu sobrenatural como la nación en la que Dios quiso que nacieran. Por lo mismo, amen su país, su cultura, y respeten las autoridades legítimamente elegidas para dirigir la nación.[1]

-       Procuren el aprecio a su patria, el sano orgullo y sean buenos ciudadanos.[2]

-       Vivan y promuevan los valores de las sociedades cristianas como son: la alegría, la generosidad, la magnanimidad, la solidaridad, el amor a la familia, la honestidad, el espíritu acogedor, la religiosidad y la sencillez.

-       Respeten y valoren las demás naciones y busquen enriquecerse con sus sanas tradiciones.

-       Tomen conciencia de la urgente necesidad de obtener una preparación intelectual y laboral seria y madura, para ser hombres y mujeres responsables, de bien y de provecho para sí mismos, su familia y su patria.

-       Procuren un espíritu de superación personal que se refleje en un programa con metas concretas a alcanzar.

-       Vivan la virtud de la fortaleza que les permita resistir, hacer frente y superar sin temor, las tentaciones, asechanzas y dificultades del ambiente, perseverando con firmeza y constancia en la práctica del bien.

-       Vigilen y no se dejen engañar por filosofías, ideologías o “modas” que promuevan antivalores que diluyen o destruyen la cultura cristiana.

-       Fomenten la práctica del deporte como un medio de sana convivencia, trabajo en equipo, descanso y superación personal.

-       Conscientes de que el progreso de su Patria se concreta en la comunidad, sean solidarios contribuyendo con su trabajo y su testimonio. Sean especialmente solidarios con otras águilas y, en unión con ellos, con los más necesitados.[3]


[1] AA 14: “… El amor a la patria y en el fiel cumplimiento de los deberes civiles, siéntanse obligados los católicos a promover el verdadero bien común, y hagan pesar de esa forma su opinión para que el poder civil se ejerza justamente y las leyes respondan a los principios morales y al bien común. Los católicos peritos en los asuntos públicos, y firmes como es debido en la fe y en la doctrina católica, no rehúsen desempeñar cargos públicos, ya que por ellos, bien administrados, pueden procurar el bien común y preparar a un tiempo el camino del Evangelio.

[2] Ibid

[3] AA 33: … el Sagrado Concilio ruega encarecidamente en el Señor a todos los laicos, que respondan con gozo, con generosidad y corazón dispuesto a la voz de Cristo; que en esta hora invita con más insistencia y al impulso del Espíritu Santo, sientan los más jóvenes que esta llamada se hace de una manera especial a ellos; recíbanla, pues, con entusiasmo y magnanimidad”

Lc 10,29 ss: “Pero él queriendo justificarse, dijo a Jesús: “Y ¿quién es mi prójimo?  Jesús respondió: “Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión: y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva. ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?”  Él le dijo: “el que practicó la misericordia con él”. Díjole Jesús: “Vete y haz tú lo mismo”.