FAMILIA

En relación con la familia:

-       Busquen salvaguardar la institución familiar como el valor fundamental de la sociedad y la cultura.[1] Sepan identificar y refutar los falsos modelos que van en contra de la dignidad de la persona humana.[2]

-       Estimen su propia familia como un don de Dios y edifíquenla con su buen comportamiento.

-       Sean solidarios y colaboren con todos los miembros de su familia.[3]

-       Fomenten el respeto a sus padres y personas mayores, favoreciendo la unidad y cordialidad entre todos los miembros de su familia.

-       Esfuércense por hacer de su familia una auténtica escuela de evangelización, una Iglesia doméstica, una comunidad cristiana en la que Cristo sea el centro y modelo. Por lo mismo, encuentren en su propia familia el primer lugar para realizar su apostolado.[4]

-       Defiendan la cultura de la vida desde el momento de su concepción hasta su muerte natural.[5]

-       Conozcan y valoren el don del sacramento del matrimonio para formar nuevas familias auténticamente cristianas.[6]

-       Cultiven y promuevan la virtud de la pureza y la virginidad de cara al matrimonio o a una vida consagrada.[7]

-       Dado que los vicios y adicciones, antiguas o nuevas, químicas o psicológicas, (cigarro, alcohol, drogas, pornografía, inmoralidad, uso inadecuado de las nuevas tecnologías, etc.) degradan al hombre y destruyen la vida familiar, los miembros de Águilas Guadalupanas junto a su consagración a María de Guadalupe hacen un juramento para vivir la virtud de la templanza (moderación de los apetitos o uso excesivo de los sentidos, sujetándolos a la razón). Cada joven concreta su juramento de templanza, tanto su elemento específico como su duración, a partir de un examen sincero de conciencia de cara a Dios y en estrecha comunicación con su orientador, director espiritual o confesor. Recuerden que el aprovechamiento responsable del tiempo es un medio muy eficaz para evitar los vicios y adicciones. Así mismo, recuerden que Águilas Guadalupanas no es una organización de rehabilitación ni prevención, sino una consagración a María de Guadalupe que promueve la abstinencia de vicios y adicciones y la construcción de ambientes cristianos sanos, alegres y llenos de valores.[8]


[1] FC 10: Es mediante la «inculturación» como se camina hacia la reconstitución plena de la alianza con la Sabiduría de Dios que es Cristo mismo. La Iglesia entera quedará enriquecida también por aquellas culturas que, aun privadas de tecnología, abundan en sabiduría humana y están vivificadas por profundos valores morales. Para que sea clara la meta y, consiguientemente, quede indicado con seguridad el camino, el Sínodo justamente ha considerado a fondo en primer lugar el proyecto original de Dios acerca del matrimonio y de la familia: ha querido «volver al principio», siguiendo las enseñanzas de Cristo[19].

[2] CEC n 27:El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar.

 

[3]  FC n 18 La familia, fundada y vivificada por el amor, es una comunidad de personas: del hombre y de la mujer esposos, de los padres y de los hijos, de los parientes. Su primer cometido es el de vivir fielmente la realidad de la comunión con el empeño constante de desarrollar una auténtica comunidad de personas. El principio interior, la fuerza permanente y la meta última de tal cometido es el amor:

[4] FC n 15 La familia, fundada y vivificada por el amor, es una comunidad de personas: del hombre y de la mujer esposos, de los padres y de los hijos, de los parientes. Su primer cometido es el de vivir fielmente la realidad de la comunión con el empeño constante de desarrollar una auténtica comunidad de personas. El principio interior, la fuerza permanente y la meta última de tal cometido es el amor.

[5] FC n 28 El cometido fundamental de la familia es el servicio a la vida, el realizar a lo largo de la historia la bendición original del Creador, transmitiendo en la generación la imagen divina de hombre a hombre…

[6] FC 17 Jesucristo, esposo de la Iglesia, y el sacramento del matrimonio. La comunión entre Dios y los hombres halla su cumplimiento definitivo en Cristo Jesús, el Esposo que ama y se da como Salvador de la humanidad, uniéndola así como su cuerpo. Él revela la verdad original del matrimonio, la verdad del «principio»[27] y, liberando al hombre de la dureza del corazón, lo hace capaz de realizarla plenamente.

[7]  FC 34 El orden moral, precisamente porque revela y propone el designio de Dios Creador, no puede ser algo mortificante para el hombre ni algo impersonal; al contrario, respondiendo a las exigencias más profundas del hombre creado por Dios, se pone al servicio de su humanidad plena, con el amor delicado y vinculante con que Dios mismo inspira, sostiene y guía a cada criatura hacia su felicidad. Es siempre muy importante poseer una recta concepción del orden moral, de sus valores y normas; la importancia aumenta, cuanto más numerosas y graves se hacen las dificultades para respetarlos.

[8] AA 7: Este es el plan de Dios sobre el mundo, que los hombres restauren concordemente el orden de las cosas temporales y lo perfeccionen sin cesar. Todo lo que constituye el orden temporal, a saber, los bienes de la vida y de la familia, la cultura, la economía, las artes y profesiones, las instituciones de la comunidad política, las relaciones internacionales, y otras cosas semejantes, y su evolución, y progreso, no solamente son subsidies para el último fin del hombre, sino que tienen un valor propio, que Dios les ha dado, considerados en sí mismos, o como partes del orden temporal: “Y vio Dios todo lo que había hecho y era muy bueno” (Gen 1,18).